miércoles, 3 de febrero de 2010

Welcome


Date la vuelta y míralos a todos. ¿Ves? Están ahí, te estaban esperando. Hacía tiempo que te echaban de menos. Tus desastres y tus miedos. Todo lo que les llevó a llamarte aquella anoche. Lo que de repente un día se les vino a la cabeza cuando preguntaron por ti. Tus apellidos y tu nombre. Tu sonrisa y esa cara de felicidad. Da igual, en su casa no hace falta llevar zapatillas. ¿Una cuerda, un salvavidas, un destornillador? Lo que sea. Porque has vuelto. Has vuelto al mundo. Bienvenido. Bienvenido de nuevo. Te echaban de menos.


Imagen: Carlos Bravo

martes, 2 de febrero de 2010

400 grados


El amor es como la calefacción. Como la calefacción en otoño. Llega sin avisar y de repente un día estás ardiendo a 400 grados. Es una fila de personas acurrucadas en un rincón esperando a que alguien las saque a bailar. Es la vecina que viene a hacer una visita o el hombre que sube a entregar un paquete cuando tienes un aspecto asqueroso. Es una partida con muy malas cartas en la que no queda otra que marcarse un farol. Es llevar calcetines de colores distintos. Son dos personas intentando desentrañar el sentido de un cuadro abstracto que en verdad no tiene ningún puñetero sentido. Es un ladrón que con sinceridad te cuenta sus planes antes de apuñalarte una vez en el estómago y otra en el pulmón. Es convertirse en un cínico y evolucionar hacia lo escéptico. Una garantía de devolución caducada hace tres meses. Un boxeador acorralado en un ring y un atracador reincidente.


Y luego el amor se convierte en ese verso que no acabas de rimar. En esas fiestas sorpresa donde no pintas nada cuando has tenido un día de mierda. Sentirse extraño al extrañar a alguien como si fuera un extraño. Tener un coche que devora la gasolina a los 200 metros. Sacar al perro en mitad de la noche. Tener que pensar que el más valiente no es el que más veces lo intenta, sino aquel que sabe descubrir el momento en que hay que dejar de intentarlo. Es leer un libro cuando ya tenías otro empezado y cuando termina, es dormirse en mitad de una película que adorabas pero que ya no piensas volver a alquilar.



Imagen: K. Praslowicz

miércoles, 20 de enero de 2010

Supervivientes - Intimidad



















— ¿Puedo hacerme un refugio? Me gustaría tener un poco de intimidad.

— Tú verás.

— ¿Eso qué quiere decir? ¿Que sí?

— Eso quiere decir que allá tú. Ya eres mayorcito.

— ¿Me estás amenazando?

— ¿Qué? Sólo te he dicho que tú verás lo que haces.

— Pero es un "tú verás" de "atente a las consecuencias".

— No, es un "tú verás" de "haz lo que te dé la gana".

— ¿Pero te molestaría que lo hiciera?

— No.

— ¿De verdad?

— Sí.

— ¿Sí que sí te molestaría o sí que lo dices de verdad?

— Sí que si eso es lo que quieres hacer… adelante.

— No, pero ya no lo estás diciendo de corazón, ahora lo estás diciendo por obligación. Tú no quieres que me vaya.

— No me importa si te vas. Yo tendría más espacio para mí si lo haces.

— Eso lo dices para hacerte el tipo duro. En el fondo quieres estar conmigo y me necesitas.

— No.

— Dices que no para no admitirlo, pero te tengo calado. Te sentirías muy solo sin mí.

— Para nada, encontraría mil formas de distracción.

— No seas así, reconoce que no quieres que me vaya y ya está.

— ¿Quieres que haga eso?

— Es la verdad.

— No, no es la verdad. Vete. Por favor.

— No quiero irme. No quiero irme porque tú lo digas. Los dos tenemos que estar de acuerdo. No quiero irme por obligación.

— Te lo estoy diciendo de corazón. Por favor, vete. Sé que es lo que necesitas hacer.

— No, no quiero irme. Simplemente lo estaba proponiendo.

— ¿Qué? Ni siquiera tú sabes lo que quieres hacer

— Yo no tengo la culpa de eso

— Sí que la tienes. Has sido tú el que ha empezado esta conversación. ¿O no?

— ¡No lo sé!

— Eres una montaña rusa…

— Y tú un estúpido.

— Anda, mira a ver si con esto prende.

— Voy.

— Sopla.

— Ya está.



Imagen: Jorge Custodio

martes, 19 de enero de 2010

Mi amigo Pablo


Pablo siempre ha sido mi mejor amigo. Desde que los dos teníamos 5 años, hemos ido juntos a todos los sitios: de vacaciones, de excursión, con los amigos... Donde iba el uno, iba el otro. Recuerdo que cuando no sabía el nombre de algún río o la conjugación de algún verbo, él siempre sabía darme la respuesta correcta. Pablo siempre me acompañaba al colegio, veíamos juntos la tele, hablábamos, nos reíamos imitando a animales y escupíamos a los coches que pasaban por debajo del puente. Hacíamos de todo.

Recuerdo que al principio mi madre no estaba muy de acuerdo con el asunto. Que Pablo “podía ir a todos los sitios que quisiera conmigo” decía, pero que a la hora de cenar “teníamos que dejarlo y centrarnos los dos en la comida”. Mi madre siempre venía con la misma cantinela: “Como no comáis os vais a quedar en los huesos y os perseguirán los perros”. Entonces yo siempre me echaba a reír, porque era ridículo que mi madre le hablara también a Pablo.


El caso es que ahora Pablo tiene 13 años, y cada día que pasa siento que algo ha cambiado, que está raro. Me dice que no puedo ir con sus amigos, que ya no quiere estar más conmigo. Ni siquiera se dirige a mí cuando estamos solos en casa. Por momentos… siento como si no fuera el mismo. No sé cómo explicarlo. Como si fuera borroso, transparente. Como si me difuminara o desapareciera. Como si fuera... imaginario.

lunes, 18 de enero de 2010

1, 2, 3, aprenda otra vez

El saber está en internet, eso hace ya tiempo que lo descubrimos. Los tiempos de la enciclopedia se han acabado, y aún más atrás quedan aquellas épocas en que las personas se transmitían los conocimientos a la luz de una fogata.

Internet nos hace activos y participativos, es el saber democrático, que comentan. Una de las características más destacables de la red de redes son las clasificaciones y los votos populares. Todo el mundo tiene derecho a dar su opinión y a transmitirla. Opiniones que tratan de los temas más serios, hasta las máximas chorradas.

En estas que un día, de casualidad, encontré una página muy curiosa e indicada para los amantes de las clasificaciones, ránquins, listas y de las opiniones de los demás. Se llama rankopedia y en ella encontramos, ayer domingo 17 de enero, 10406 ránquins. Su subtitulo nos eleva a la calidad de juez casi universal: vota, crea y debate.

Hay listas sobre los mejores grupos de rock, las mejores pelis, discos, libros, series de televisión, etc. También, claro, sobre los tíos y tías que están más buenos; las ciudades más bonitas o el país más adecuado para visitar; tu color favorito, el animal más cuco, lo mejor que podemos hacer con 5 billones de dólares...

La respuesta a esta crucial encrucijada en la que nos encontramos la mayoría de personas es: guardar el dinero en el banco, porque crece. No hay que perderse, tampoco, el país con las mujeres más bonitas (Estados Unidos), el loco más loco de la literatura (curiosamente la mayoría son libros adaptados para el cine) o uno de mis preferidos: el político más interesante durante la república romana, evidentemente, Julio César, pero ahora ya puedo dormir más tranquilo.

Pero lo que no me deja conciliar el sueño es la lista de países participantes en la III Guerra Mundial (está al caer, ya lo dijo D. Onésimo), pensar cuál es mi guerra favorita o la persona más mala del mundo.

No tienen desperdicio las clasificaciones sobre el animal no-humano con la mejor estrategia de reproducción, el mejor imperio de la historia o el caníbal más imporante. Os dejo que surféeis por esta página, antorcha del saber y de la democracia, tan importante en estos días de caos e incertidumbre que se pasean por el mundo.

Imagen: Selçuk Demirel

domingo, 17 de enero de 2010

Supervivientes - Aftersun


Habían perdido varios kilos y se tostaban al sol. Con la piel quemada, el uno era moreno y el otro casi rojo. Sudando como obesos, transpiraban sin control. Las cejas se les llenaban de sudor y los pelos del sobaco, mojados, parecían derretirse como los carámbanos. Lejos de cualquier fantasía utópica, aquello no tenía ninguna gracia.


— Este sol me está matando.

— Aclárate. Antes te quejabas de tirarte semanas en alta mar y ahora que por fin puedes descansar te quejas del sol.

— ¿Descansar? Yo echo de menos mi casa…

— No exageres.

— ¿Que no exagere?

— No estamos tan mal.

— No tenemos crema de protección solar, ni tenemos nada.

— Tenemos sitio en la playa. Y sin madrugar.

— Eso es cierto.

— Además, si no te gusta el sol puedes irte a la sombra.

— No es tan fácil.

— Sí que lo es.

— Tengo que venir a la playa, tengo que pescar, tengo que delinear un SOS en la arena…

— Ya estás otra vez exagerando.

— Sólo digo que me gustaría tener por lo menos… no sé, unas gafas de sol.

— ¿Unas gafas de sol? Menuda falta de respeto... La única persona con la que puedo hablar en toda la isla y ni siquiera podría saber si le estoy mirando a los ojos.

— No te pongas así.

— Me pongo como quiero. Si algún día encontramos unas gafas de sol, ni se te ocurra llevarlas dentro del refugio.

— ¿Por qué?

— Porque es de mala educación. No puedes llevar gafas de sol bajo techo a no ser que seas una estrella del rock, alcohólico… o ciego.

— Entonces creo que me voy a morir.

— ¿Cuándo?

— No lo sé, algún día.

— ¿Pronto?

— He dicho que no lo sé.

— ¿Y por qué te vas a morir?

— Cáncer de piel.

— Podría ser peor.

— ¿Peor que la muerte?

— Sí, peor que la muerte.

— No puede haber nada peor que la muerte.

— El granizo.

— ¿El granizo?

— El granizo destruiría el campamento y gran parte del alimento. Los dos moriríamos. De la otra forma nos ahorraríamos un 50% de sufrimiento. O menos, si tu cuerpo no se descompusiese demasiado rápido.

— Tengo miedo a la muerte.

— Nadie teme a la muerte. Tenemos miedo a no estar ahí cuando los demás hablen mal de nosotros.

— Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto.

— ¿Qué? Anda, cállate y dime si ves algo.

— No, nada.


Imagen: Nostuni

miércoles, 13 de enero de 2010

Supervivientes - Wilson


Hacía viento pero no había niños correteando por la arena. Ni había moscas. Sólo un par de hombres escuálidos que intentaban hacer fuego antes de que el sol se escabullera por el horizonte. Tenían muchas horas para hablar y otras muchas para malgastar el tiempo. Beatus Ille a la máxima expresión. Vida rural, campo, naturaleza, libertad, romanticismo. También deshumanización, soledad y pobreza. Un sólo amigo, y gracias.


— Oye, ¿nosotros llevábamos balones de volleyball en el barco?

— Creo que no.

— ¿Y patines para esquiar sobre hielo?

— Tampoco.

— ¡¿Entonces cómo leches vamos a sacarnos una muela si se nos infecta?!

— ¿Qué dices?

— No es ninguna tontería, en serio. ¿Qué pasa si tú te mueres?

— Que tendrías alimento para varias semanas.

— Pero me refiero… ¿qué pasaría si un día de estos me quedara solo?

— Que tendrías que ir a buscarte otros amigos.

— ¿Te imaginas que se estrellara otro barco aquí, lleno de mujeres preciosas?

— No.

— ¿Por qué no? Con nosotros ocurrió algo parecido.

— Nosotros no somos preciosos. Estas cosas sólo le pasan a los pobres desgraciados que no se afeitan. Las mujeres preciosas no tripulan barcos.

— ¿Y si se cayera un avión?

— Nadie sobreviviría.

— Tom Hanks sobrevivió.

— También superó el sida, combatió al Vaticano, fue un niño adulto y comió bombones.

— Pero no era guapo.

— No, no era guapo. Pero sabía conquistar a las mujeres vía email.

— Menudo pervertido. ¿Y nadie avisó a la policía?

— Al parecer por aquella época no había webcams. No se podía demostrar el sexo virtual.

— Qué listo.

— Ya lo creo.

— ¿Te imaginas un barco lleno de mujeres? Rubias, morenas, pelirrojas… Y todas ninfómanas.

— Te quedarías tan flaco que morirías del desaliento.

— Pero sería una muerte dulce. Una buena muerte. Eutanasia.

— Visto así…

— Además, tarde o temprano, un cocodrilo acabaría por comerme.

— En esta isla no hay cocodrilos.

— Pero los habrá. Debido a una teoría científica, los polos se están descongelando y…

— Anda, cállate y pásame esa piedra.

— Voy.

lunes, 11 de enero de 2010

Supervivientes - Viven


Se estaban muriendo de hambre en una isla desierta. La arena se les embarullaba entre los pelos de la barba y se cortaban las uñas de los pies con los dedos de la mano. De su barco encallado, roto por las olas, ya sólo quedaba la sirena de proa que el superviviente número 1 solía utilizar de vez en cuando. A veces, incluso, solían buscar búnkeres entre la selva o a los otros al otro lado de la isla. Aquella tarde, una de tantas, departían tranquilamente a la orilla del mar:

— ¿Y tú qué te llevarías a una isla desierta?

— ¿Yo? ¿Y a ti qué más te da?

— De algo tendremos que hablar, digo yo.

— No lo sé, la verdad es que nunca me había parado a pensarlo.

— Yo ya sé lo que me llevaría.

— ¿El qué?

— Un avión.

— No te fastidia, y yo, no eres tú ni poco listo.

— Me encantaría tener un avión como los de "Viven".

— ¿Qué?

— Llevamos meses comiendo plátanos y coco. Hace semanas que no cago.

— ¿Pero qué estás diciendo?

— No me vengas ahora con esas. El otro día me mordiste en el brazo, y te gustó.

— Pero estábamos jugando.

— Yo estaba dormido...

— ¿Y tú a quién te comerías de ese avión si se puede saber?

— Supongo que a los altos.

— ¿A los altos? ¿Por qué?

— No lo sé, esas cosas no se pueden explicar. Tampoco me gusta el tomate y no sabría decirte el porqué.

— Los altos son huesudos. Yo cogería a un blanco.

— ¿Ahora resulta que cogerías a un blanco? Racista.

— No hombre no, si lo digo porque así sabríamos cuándo la carne está en su punto.

— También es verdad.

— Pero de todas formas, de tener que elegir, escogería a una mujer.

— ¿A una mujer? ¿Por qué? Yo no podría.

— ¿Prefieres comerte a un hombre? ¿Es eso lo que te gusta?

— No es que tenga preferencias claras sobre ese punto, pero el caso es que no podría hacerle eso a una mujer, aunque estemos aquí perdidos, sigo siendo un caballero.

— Pues yo me comería a una mujer, la carne tiene que saber más suave.

— ¿Y los niños?

— ¡Por Dios! ¡Los niños dice!

— Si te paras a pensarlo, tampoco es tan descabellado. Nos comemos a las crías de los animales y no pasa nada.

— Eso también es verdad.

— Qué vidorra esos de "Viven" eh.

— Ya lo creo.

— ¿Y por qué estamos hablando de esto?

— Tú sabrás.

— No, tú sabrás que has empezado.

— ¿Yo? Bueno, pues hablemos de otra cosa.

— ¿Sobre qué?

— ¿Dónde has dejado la sirena de proa?


Imagen: Fine Portrait Studio