lunes, 2 de febrero de 2009

¿Alternativas?

Ayer leí un fragmento del libro de crítica literaria de Pedro Salinas: El defensor (1948). En concreto el capítulo 5, titulado Defensa del lenguaje. No me lo empecé a leer por placer, sino porque es un texto que nos entra para un examen. Sin embargo, conforme iba adentrándome en el ensayo, iba aumentando mi admiración por este escritor madrileño.

El título es bastante ilustrativo del contenido del escrito. Este señor envuelve su prosa en un sutil envoltorio de amor a la literatura y al lenguaje y lo regala a la Humanidad en forma de ensayo. El texto rezuma pasión por la lengua y lo demuestra en sus continuas explicaciones sobre las ventajas y conveniencias de tener un alto nivel en la lengua. Afirma sin ningún reparo que el hombre "será más hombre y mejor hombre si usa con mayor exactitud y finura ese prodigioso instrumento de expresar su ser y convivir con sus prójimos".

Otro día ya hablaremos sobre si el hombre puede llegar o no a ser más hombre, o simplemente es hombre y no hay ni castas ni niveles, sea cual sea su cultura, capital o aspecto físico. Pero, pasando a otro tema, una de las cumbres de este fragmento es cuando dice que "pueblo que desee mantener su lengua en un nivel de autenticidad y originalidad, debe cuidarla él, defenderla él; el porvenir de esa lengua dependerá de lo que el pueblo quiera hacer con ella. Pero sólo puede cuidarla y defenderla si tiene conciencia de lo que es y de lo que vale".

Esta es una verdad como un templo. Los pueblos, las naciones con lengua propia tienen que saber el tesoro que contiene su lengua. Tanto si el idioma tiene 3000 millones de hablantes, como si solo tiene dos (porque si tiene uno lo tiene bastante crudo). Primero de todo, son los propios hablantes los que se tienen que dar cuenta de ello y, después, tienen que defenderla con uñas y dientes.


No basta con que una lengua se institucionalice ni que se creen academias que fijen y limpien el idioma. Es, realmente, un paso importante, pero es más importante que se oiga por la calle y que sea hablada. Es vital, también, que se politice. Sí, que se politice. Pero no que se partidice, es decir, que un partido tenga el tema de la lengua como su mayor y única proclama.

El gobierno de cualquier estado tiene que garantizar y fomentar el uso de las lenguas que se hablan en él. Y si un estado no es capaz de esto, proponer alternativas.

En España deberían convivir cuatro lenguas, una de ellas mayoritaria y extendida en todo el territorio y las otras tres minorizadas y comprimidas en un pequeño espacio entre este estado y el francés (excepto el gallego). Pero España no ha sabido estar a la altura de su riqueza y ha expoliado, defenestrado y maltratado cualquier diversidad que haya surgido en su "periferia".

Podría poner miles de ejemplos, pero no quiero extenderme demasiado. Simplemente plantear una pregunta: ahora que se ha visto que este modelo de convivencia no funciona, ¿qué deben hacer los pueblos que no hablan castellano para defender su lengua?

4 comentarios:

José Miguel dijo...

Sin duda creo que el principal problema al que se han encontrado las lenguas minoritarias en España ha sido el uso partidista que se ha hecho de ellas. Al principio rechazándolas con el nacionalismo español, y después, como tú dices, sirviéndose de ellas con fines partidistas.

Las lenguas deberían estar por encima de todas esas disputas. Las lenguas son cultura, formas diferentes de ver el mundo y formas diferentes de concebir la realidad. Cada una de las lenguas enriquece a la cultura de cualquier país. ¿O a nadie le dan envidia esos países en los que sus habitantes son trilingües? A mí sí.

Nil Ventós Corominas dijo...

En eso tienes toda la razón, yo también envidio a toda aquella gente que es políglota. Sin embargo, es importantísimo la lengua materna, porque es con la que entras al mundo y te haces tus esquemas mentales con ella.

Es algo que llevas dentro toda tu vida.

Don Pablo dijo...

¿Qué pueblos son esos que no hablan castellano que tienen que defender su lengua?

No se deberían preocupar, que si la valoran y es un instrumento útil ya acabarán por usarla, aunque dependa de la autonomía personal y eso sí que pueda suponer un riesgo desde cierta perspectiva.

Desde la perspectiva del que empieza citando un texto que defiende un correcto uso de la lengua y termina diciendo que la convivencia no funciona y que los gobiernos van a tener que imponerse, aunque esto se diga desde la forma más sutil de buscar alternativas. Sencillamente no hay alternativas porque no hay camino, porque no corresponde a la función del gobierno.

Es que desde esa perspectiva cualquier decisión libre es un riesgo.

¿Por qué el modelo de convivencia no funciona?

Daniel Rivas Pacheco dijo...

¿4 lenguas Nil? ¿Qué sitio hay para el bable, el aragonés?

La lengua es cultura, por ello debe ser enseñada en las escuelas. De igual forma que un niño aprende literatura o geografía, debe aprender la lengua de su región. Por mucho que a algunos les duela estudiarla