domingo, 3 de mayo de 2009

Para ser moderno hay que ser rumiante

Los músicos han muerto. Son agua pasada. Forman parte de un recuerdo ya casi lejano en el que se amontonan los hechos. Lo que se lleva ahora es la interpretación de los animales.

Sí, literalmente. En un pequeño pueblo de la comarca barcelonesa de Osona diez ovejas han realizado esta mañana un concierto. La música emanaba de sus cencerros, cada uno de los cuales estaban afinados en una nota distinta. El director de la orquesta ovejuna, Martí Ruiz Carulla, animaba a las rumiantes con un flautín. Las músicas se movían al azar para componer así una pieza única y espontánea, acompañadas por un grupo de niños que tocaban una txalaparta.

La intención del autor era "reivindicar la musicalidad de los cencerros y el paisaje sonoro". Sin embargo, a mi me parece que aquello debía ser un guirigay increíble. Entre los cencerros, los balidos de las intérpretes, el flautín del director y unos niños tocando sin ton ni son la txalaparta me hubiera vuelta loco. Suerte que soy de pueblo y sé que aquellas aceitunas negras que se encontraron los niños por el suelo no eran comestibles, que si no...


Fuente: Vilaweb

1 comentarios:

Jurdan Arretxe dijo...

Os lee un zombi pues.

Firmado: el zombi feroz.