jueves, 22 de enero de 2009

Día D


Son días de café, madrugadas, tapones, esquemas, duchas frías, subrayadores… La gente parece prepararse para el Día del Juicio Final, donde aquellos que disfrutaron plácidamente de sus Navidades serán juzgados por sus pecados.

La batalla se prevé larga e intensa. Ingentes hordas de estudiantes luchan contra el destino y la voluntad del tiempo para tratar de conseguir así el ansiado “limpio verano”. Aquel que lo consiga será admirado hasta el fin de sus días. La conquista del verano es la conquista del Cielo, del Paraíso.

Pero primero hay que luchar, hay que entrar al campo de batalla. Eres tú o los apuntes, los apuntes o tú. Solos, es una cuestión de honor. Quien desenfunde más rápido se llevará el gato al agua. Si los apuntes te superan, solo verás en ellos infinitas líneas de colores.

Y hoy hemos empezado. Las clases se suspenden y los hijos se marchan a sus casas para preparar el combate. La estrategia está clara y bien definida: los primeros días se ataca a lo más peligroso, a lo más importante. Esos días de invasión son fundamentales: una victoria desmoraliza al enemigo y lo hace más débil. Una derrota deja diezmada la moral de tus tropas y les hace ponerse en lo peor, la retirada.

Nos cuentan los veteranos que todos debemos pasar por esto a lo largo de nuestras vidas. Que solo se es un hombre completo cuando se han superado este tipo de pruebas. Que las cosas ya no son como antes, que ahora la cosa es mucho más sencilla. Yo no les creo.

Mi mochila es la de un soldado raso sin condecoraciones. Mis apuntes, un arma cosmopolita. Por un lado están los míos, los artesanales, que en un intento de aunar lo tradicional y lo simple demuestran la importancia de los viejos valores. Por el otro, aquel material que nuestros antepasados trataron de reunir y perpetuar en el tiempo... pasándolos a ordenador, o a máquina, según la época. Apuntes multigeneracionales que han pasado por todas las manos, cuyos espacios en blanco son todo un poema, un muro de las lamentaciones.

En la primera hoja, escrito con rotulador, se lee: “PODEMOS!”. Más adelante, y en uno de los laterales, se aprecia: “Yes, we can!”. Parece que el 2008 fue el año de los eslóganes… A la Selección y a Obama les funcionó. ¿Les funcionaría también a ellos? Y lo que es más importante, ¿me funcionará también a mí?

Ya por el final, donde suele escasear el café y los párpados se rinden, la cosa es un horror, Satanás se apodera de ellos: “¡¡¡04:52!!! ¡Me quiero morir!”, “3:30, ¡no puedo más!”. A su lado, dibujos terroríficos de muñecos ahorcados, rayajos sin sentido, oscuridad.

Y sí, lo primero podría resultar gracioso, e incluso útil en algunos momentos. Nunca viene mal una mano amiga que te coja del sillín y te empuje para subir más liviano.

¿Pero lo segundo? Lo segundo me da miedo... No quiero convertirme en eso.

Fuerza y honor.

3 comentarios:

Leire dijo...

Y que no se te olvide el de Reich: "Por un verano digno". Lo tiene puesto en la pared de su cuarto y todo.

SUERTE...

... y justicia, jaja!

Guillermo Rivas Pacheco dijo...

Es el muro de las lamentaciones?

Tan mal te ves?

José Miguel dijo...

No no! LES veo, que no soy yo quien escribió en los apuntes ese tipo de frases/dibujos jaja