martes, 26 de agosto de 2008

El efecto repetición




Hablaba el otro día con mis amigos sobre algo a lo que hemos apodado "efecto repetición". Me explico. Es algo parecido a ese momento en un estadio de fútbol cuando tu equipo marca un gol y te lo pierdes. Y sin saber cómo ni por qué, tienes la extraña sensación de que podrás ver la repetición en pocos segundos. Pero no, te lo has perdido, ese momento mágico ha pasado y ya no lo podrás volver a ver, no puede ser revivido. No hay repeticiones, sólo recuerdos.

Y os preguntaréis, ¿qué tiene que ver esto con la vida real? Mucho. Pongamos otro ejemplo: Gran Hermano (el reality show). La vida grabada las 24 horas al día, con todos sus minutos, todas sus situaciones. Todo puede ser revisado. Lo contrario: la vida "en repetición".

La vida real no es así. En la vida real las cosas pasan y adiós, ya no vuelven. ¿Aquel viaje de fin de curso en Roma? ¿Aquel primer amor? ¿Aquellas fiestas de Villava de 2006? Ya no están. Se fueron. Pero necesitamos mantenerlas, no pueden morir. Tenemos que recrear y recordar la repetición de la jugada. Porque eso somos nosotros. Eso queremos ser nosotros. Por eso queremos ser recordados. De la malas situaciones, de los malos momentos ¿quién se acuerda? ¿Quién los vuelve a recordar con frecuencia? Nadie. Su lugar es pequeño, minúsculo. Nosotros no somos eso. Nosotros somos un almacén de grandes recuerdos donde las desgracias se guardan en estantes pequeños y rincones olvidados.

Y hablaba con mis amigos y pensaba en una idea. ¿No estaría mal crear una empresa que satisficiese las necesidades de estos cientos de millones de consumidores, verdad? Mercado en monopolio, ganancia segura. Cientos de hombres y mujeres, cámara en mano, que se dedicaran a grabar la vida de todas aquellas personas que lo solicitaran. ¿Aquel cumpleaños en casa de Roberto? Lo tenemos. ¿Tu primer hijo? En alta calidad. ¿Cuando se montó aquel revuelo en tu empresa? También lo tenemos. No hay problema.

Pero un momento. Eso ya existe. ¿Acaso no se hace eso en las bodas? Un hombre con una cámara grabándolo todo. Y le pagan. ¿Para qué la memoria? ¿Para qué recordar? De ese modo, tu historia será imperecedera, y ni el tiempo ni la muerte podrán acabar con ella. Tus recuerdos no caerán en el olvido. Todo en un disco compacto: la boda, las vacaciones, los primeros pasos...

No suena mal del todo. No suena raro. De hecho lo hacemos. Y a veces es bonito ver de nuevo ciertos momentos en la pantalla. Pero hacerlo así le quita algo de gracia a la vida, ¿no? Quiero decir, si todo estuviera grabado, ¿quién mentiría? ¿Quién se inventaría alguna anecdotilla graciosa para inflar las historias? ¿Qué sería de nuestr@s abuel@s si no pudieran soltar alguna mentirijilla sobre sus vidas para decorarlas a su gusto?

Creo que nuestra vida se compone de recuerdos. Que la vida es recordar. Cada momento que pasa se convierte al instante en un recuerdo. Y todo el conjunto es una mezcla de recuerdos confusos y no tan confusos que sólo a nosotros nos pertenecen. Incluso me lo puedo inventar. Yo soy mis recuerdos.

Y esos recuerdos los fabrico únicamente yo, porque me gusta fabricarlos y dotarlos de un punto de vista personal, subjetivo. Las cosas muchas veces son blancas o negras, pero si siempre hubiera alguien que tiene la razón, ¿de qué sirve?

"- ¡Ha sido fuera de juego!
- ¿Pero qué dices?
- ¡Mira la repetición!
- Es verdad..."
(silencio)

2 comentarios:

Don Pablo dijo...

"Cientos de hombres y mujeres, cámara en mano, que se dedicaran a grabar la vida de todas aquellas personas [...]"

Hasta ahí existe y se llama Anchel, aunque probablemente no te suene de nada (espero), y si crees que no se puede inventar anécdotas... Quien controla el pasado controla el presente, o algo así decía Orwell.

Un saludo.

José Miguel dijo...

Gran libro sí señor. Quien posee el pasado controla el presente. Pero cuidado... eso es doblepensar!