domingo, 10 de agosto de 2008

¿Quién es el Guasón?

Vivir en América tiene sus cosas, y la que más me afectaba era tragarme esos doblajes en castellano neutro, que dicen por acá. Me animé a ir al cine al enterarme de que al menos la mitad de las sesiones son subtituladas, lo que te acerca un poco más a los actores y te aleja de niñatos que juegan con sus palomitas. Por si acaso algún día se animan a leer, habría que retrasar la edad de alfabetización hasta los 40 años. Otra cosa de América es que las campañas gubernamentales son más llamativas. Saben que la gente no usa el transporte público porque haya un gallo en una valla publicitaria que se lo recomiende para cuidar el medio ambiente, sino porque no les ha tocado la lotería. Por cierto, que gallo significa jambo y la lotería… algún día les contaré como se llama. A lo que iba, que contrarrestan el poder adquisitivo con otra lotería en el interior del Metro: una vieja (que significa jamba de cualquier edad) haciendo streeptease en el interior de uno de los vagones. Los ingenuos dicen que es por amor al arte. Everybody knows. Canciones aparte, todos mis compañeros de blog, ávidos lectores de prensa española, sabrán lo proclives que son los gobiernos de izquierdas a estas conspiraciones. Y ya, sobre todo Mikel, sabrán que las industrias farmacéutica, militar, etc, no le van a la zaga, y sabrán que la Iglesia se destaca entre todas las demás corporaciones y que con el uso del lenguaje todo se puede. Preguntaba Mikel qué tal me iba con las chilenas. Lo veo difícil. Acá a las novias se las llama pololas, no es mal nombre para las chicas. El noviazgo es pololeo y estar saliendo con alguien es pololear. Aceptable. Lo que no aceptaría ningún macho ibérico, itálico, tudesco o cualquiera de sus descendientes, que son los que pueblan estar tierras, es que se le llamara pololo por mucho tiempo. Esta es la baza que juega la Iglesia: los que más resisten sus instintos se casan a los veinticinco, el resto se meten a curas para disimular. A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar vergüenza, que resistiré las presiones sociales y seré un pololo, que llevaré a la polola a esas salas de cine con asientos reclinables, o incluso a salas VIP, quizá a ver esa del Caballero de la Noche y sus aventuras en Ciudad Gótica y aprovecharé como buen pololo esos momentos de desconcierto en los que ella se esté preguntando quién es ése al que llaman el Guasón. "Los traductores de mi país siempre ponen algo de su parte", me dice orgullosa una mexicana. Guasones que siempre se guardan una última carta para aguar la fiesta.

2 comentarios:

xaristu dijo...

Pablo tío no me he enterado de si hablas de echarte novia, de que te los niños chilenos son unos tocapelotas, de que el cine de allí es una mierda, de que hay una vieja que se quita la ropa en el metro o de qué cojones. El caso es que es entretenido porque cuentas cosas de allá. Pero mientras sigas sin salir de fiesta por Chile no está justificado que te limites a contar lo que ves. Así que ya sabes lo que hay Murdoch.

Don Pablo dijo...

Sé que te has enterado de todo, el sucio Sir Artistu siempre emplea estas tretas para hacer salir de fiesta a la gente, tácticas que seguro que te enseñó Climent, o tú a él, como esta de hacerme creer que por encima de entender o no un mensaje lo único que nos queda es la lucidez que nos da el alcohol. Y conmigo eso no funciona, como muy bien sabe la gente de este blog y de otros. Sé que te habías enterado, pillastre, porque ya te conté lo de la mina que se desnudaba en el Metro, que será una vieja pero no pasa de los treinta. Me voy a reunir pruebas de la conspiración, primero habrá que identificar a la tipa en cuestión.