viernes, 29 de agosto de 2008

Juventud, divino tesoro

El otro día emitieron un reportaje muy interesante en Canal 33, el canal cultural de Televisió de Catalunya, donde, en verano, suelen reciclar viejos reportajes que gracias a la calidad de nuestra televisión suele ser lo más interesente para ver. En este caso, el que yo vi era un documental de 1993, para celebrar los 25 años del revoltoso 1968. Ahora, con motivo de los 40 años de dicha efeméride se volvió a difundir.

Repasaba los sucesos más importantes, que ya casi nos sabemos de memoria, de aquel movido año: las manifestaciones estudiantiles de Berkeley, Berlín y Francia, con las resabidas imágenes de hippies, adoquines levantados y universidades cerradas; el cobarde asesinato de Martin Luther King; las tibias reacciones antifranquistas en Madrid y Barcelona (tampoco pudieron hacer más); la primavera de Praga y el paseo de los tanques soviéticos; aderezado con música de la época y opiniones de intelectuales catalanes, españoles, franceses y norteamericanos, entre los que destacaría a José Luis Aranguren, Noam Chomsky y un catedrático francés de cuyo nombre desgraciadamente no me acuerdo.



Siempre me ha gustado la Historia y, aunque este año 1968 se ha hecho un poco repetitivo, nunca está de más volver a ver imágenes de la época y aprender de las opiniones y comentarios de los que allí hablaron. No obstante, una de las cosas que más me interesaron fue las previsiones que hicieron y la comparación con lo que ha ocurrido. Me explico. Al final del documental, recogieron, a modo de conclusión, un conjunto de análisis de la juventud del momento y pronósticos acerca de la del futuro, es decir, nosotros (no hay que olvidar que el documental era de 1993).

Se podían dividir las perspectivas en dos líneas opuestas: los optimistas y los pesimistas. Al hablar bastante gente, se intentó hacer un repaso bastante ecléctico del mensaje, con lo que no pude entrever una tónica general, pero la cosa quedó así: estaba claro que la juventud del momento y la que vendría no era la misma que la de aquel famoso año. A partir de este punto, los optimistas opinaban que seguía existiendo una elite que influya políticamente y que abrazaba al progresismo como ideología propia; mientras, los pesimistas criticaban el aburguesamiento de los jóvenes y denostaban su poca falta de influencia política, y creían que aquello, como ellos ya no podían arreglarlo, seguiría así.

Y yo, que no me creo a nadie pero me gusta escuchar a todos, he sacado mis propias conclusiones. Ahí van.

Realmente nuestra generación no es la misma que la del 68, pero eso pasa porque ninguna es igual a su anterior y así sucesivamente. Los tiempos cambian, y hoy ya no estamos en aquella situación de ebullición, se han logrado ciertas libertades (pero todavía quedan muchas por conquistar y mantener), la revolución sexual triunfó y hemos vivido años de hedonismo gratuito. Sin embargo, nuestros padres nos han mimado demasiado y nosotros nos hemos dejado pervertir. En estos cuarenta años se ha establecido la clase media, que se caracteriza por su intento de vivir como la clase alta sin dejar de ser parte de la clase baja, por ser la que sostiene los regímenes, y por ser de fácil manejo por los gobernantes.



La mayoría de los jóvenes, por tanto, también estamos incluidos dentro de esta clase media, y hemos dejado de lado las aspiraciones políticas y filosóficas para acoger la vida fácil: nuestra mayor preocupación suele ser planificar, desde el domingo, el próximo fin de semana. Pocos son ya los universitarios que combinan estudio y trabajo, y aunque los que ya trabajan se quieran emancipar, la mayoría de ellos gozan de la protección de los padres detrás, eso si se quieren emancipar. Entonces, ¿de qué quejarse?

No obstante, ahora los medios dicen que hay una gran crisis económica a escala mundial, hay varios frentes abiertos donde mueren miles de civiles sin razón alguna (si es que puede haber alguna razón), cada vez es más difícil tener algo que nos pertenezca, vivimos en un mundo de despersonificación y falta de identidad, y, aunque este verano no ha destacado por el calor, nos están intentando convencer de un flagrante cambio climático que nos llevará a altas cotas de destrucción de la Tierra. Mientras, pocos son los que se quejan, y el resto prefiere disfrutar de lo poco que queda del agosto en la playa y el chiringuito, las manifestaciones ya no están de moda, y ser de izquierdas ya no es lo que era antes.

Confío en que en algún lugar debe haber jóvenes de espíritu inquieto y subversivo. En este futuro nada halagüeño se van a necesitar mentes avispadas, rápidas y valientes, para que, juntos, podamos crear el mundo que imaginamos.

7 comentarios:

Xabier Aristu dijo...

" En este futuro nada halagüeño se van a necesitar mentes avispadas, rápidas y valientes, para que, juntos, podamos crear el mundo que imaginamos."

Estimado Nil, me quedo con esa última frase porque en ella resumes bien tu punto de vista, y a partir de ahí quiero hablar yo ( sin ganas de molestar por supuesto).
Creo que crear un mundo, si te refieres a un mundo mundial, es una utopía, es un poder al que nadie se puede ni se debe acercar. Y el caso es que mentes avispadas, rápidas y valientes las hay también ahora, lo que ocurre es que dependiendo de los acontecimientos que acontezcan pueden destacar más o menos, mucho o nada, en un campo u otro. Hoy día tenemos seguramente a los mejores científicos, ingenieros, arquitectos...
El caso es que cada generación vive el tiempo que le toca vivir. Ya no es la hora de los hyppies. Ahora las revoluciones son virtuales y en vez de revoluciones se les llama "modas". Seguramente los griegos y los romanos hubieran sucumbido a los placeres del sexo en internet el doble que nosotros, los hippyes habrían sido "Emos" en su mayoría y los grandes líderes y dictadores habrían comandado grandes multinacionales. O puede que nada de eso, porque siempre habrá cosas que escapen de las manos, y es más una cuestión de punto de vista. Hoy lo ves de un modo, y mañana lo puedes ver de otro. Como bien dices, la identidad está bastante perdida. Pero es que yo creo que lo propio de la identidad es estar perdida ( en el caso de la identidad global). Y en el de la identidad personal, hay menos crisis de la que se transmite. Yo me veo rodeado de gente normal.

Xabier Aristu dijo...

Un cariñoso saludo por cierto, me alegro de que también te gusten los documentales.

Don Pablo dijo...

A mí me sonaba que los que hicieron Mayo del 68 ya estaban bastante aburguesados, pero bueno, tú has visto e documental, a mí sólo me lo explicó en clase una señora que lo mismo le daba equivocarse un siglo arriba que abajo. Coincido en lo de los documentales, yo a veces los veo aunque no entienda ni la mitad. Habríaque preguntarse si las revoluciones son la mejor manera de avanzar.

No, Txistu, los griegos y romanos no caerían en el placer del sexo virtual igual que tu no caerías en el placer de respirar con una bombona de oxígeno. Somos unos puritanos, algún sustituto teníamos que tener.

Xabier Aristu dijo...

He puesto que caerían en esa tentación... o que no, no es una apuesta segura. Tú apuestas más bien a que jugarían al Age of Empires no??? jajajajajajajajajajjaj

Jurdan Arretxe dijo...

Preguntémonoslo pues, Pablo:

- ¿Son las revoluciones la mejor forma de avanzar?

- ¿Es todo avance un retroceso?

- ¿Es la revolución la forma más rápida de volver a Atapuerca o es mejor un coche?

Nil dijo...

Me alegro de haber provocado un poco de debate, que, al final, de eso se trata.

No creo que los científicos, ingenieros, arquitectos...sean mejores hoy que ayer, simplemente han podido optar a una mejor preparación y hay un mayor número de ellos, no obstante, no hay que olvidar que cantidad no es igual a calidad; es más, estos científicos no podrían hacer nada ahora sin la herencia de los científicos de antaño.

Además, la mayor parte de la gente que queda para la posteridad, al menos en el campo que intentando tratar en mi entrada, suelen ser de letras, al menos eso me parece a mí (quizá es porque me fijo más en ellos).

Sin embargo, repito otra vez, estoy contento de los comentarios y las críticas.

Don Pablo dijo...

- ¿Son las revoluciones la mejor forma de avanzar?

No lo creo, son la forma en la que se avanza cuando no queda otra salida y, como dan término a una situación insoportable parecen dignas de elogio, pero no son la forma de avanzar que elegiríamos entre muchas.

- ¿Es todo avance un retroceso?

Los procesos no suelen ser unívocos, un avance en un aspecto suele presentar un retroceso en algún otro, si no las decisiones no serían discutibles y se podrían tomar de forma matemática. Por otro lado, hablar de avances y retrocesos presupone un fin único y un camino lineal hacia él.

- ¿Es la revolución la forma más rápida de volver a Atapuerca o es mejor un coche?

No hay otra forma de volver a Atapuerca, como concepto, que una revolución. Con un coche no podrás, quizá con muchos coches.

Xabi, no, hombre, yo tampoco jugaría al Age of Empires si fuera Alejandro Magno. Sólo para practicar.