sábado, 25 de octubre de 2008

Dormir en la sala de espera de la vida


Ayer vi un trozo de una película muy interesante, Waking life. Se trata de un filme de animación totalmente fuera de lo común. Hasta el momento no había visto nada igual.

Como era por la noche y estaba cansado no lo terminé, pero vi lo suficiente (una hora) como para hacerme una idea de su argumento: no tiene. O, al menos, no muy claro. Por el momento se trata de un cúmulo de conversaciones acerca cuestiones filosóficas sin una aparente unión entre sí, pero todas ellas muy interesantes.

Los temas tratados son diversos y expuestos en fragmentos de tiempo relativamente cortos. Uno de los que más me interesa es el de la identidad. En la película se reflexiona varias veces acerca de ella. En un momento, por ejemplo, dos mujeres están hablando y una saca la conclusión de que "lo curioso es que nuestras células se regeneran por completo cada siete años. Hemos cambiado una y otra vez. Pero, aún y todo, nuestra esencia es la misma."

Este punto siempre me ha fascinado, ¿cómo se conjugan el cambio y la permanencia en nuestro ser para que podamos decir que siempre es el mismo?

Si esto de las células es cierto ni nuestro cuerpo es nuestro, está continuamente sujeto a modificaciones. Esto se comprueba fácilmente: cuando uno mira una foto de cuando es recién nacido sabe que es él porque su madre se lo dice. Es más, todos los días somos un poco diferentes al anterior, así crecemos, cambiamos, adelgazamos o engordamos, etc.

Y, ¿qué me decís de lo íntimo?, ¿cuántas veces no hemos cambiado de opinión a lo largo de nuestra vida?, ¿cuántos cambios de comportamiento y de actitud hemos experimentado? Seguramente algo que ahora nos parece fantástico hace cuatro días lo odiábamos y viceversa, y decisiones que ahora tomamos el año pasado ni nos hubiéramos atrevido.

Así pues, ¿realmente hay un yo inmutable y permanente que conforma nuestra esencia o, por el contrario, todo es cambio y no tenemos identidad sino un cúmulo de comportamientos, actitudes y experiencias?


Me encanta plantearme estas dudas y pensar acerca de ellas, pero tampoco puedo estar seguro de si necesito que se me respondan. Quizá podré vivir toda la vida con la incertidumbre en el corazón, sin necesidad de aferrarme a dogmas de la razón.

1 comentarios:

José Miguel dijo...

Ya me la he bajado Nil. A ver si pillo tiempo y le echo un vistazo a tu recomendación!